Homilía del Domingo

El niño crecía

Mt 2,13-15.19-23

SAGRADA FAMILIA

Ciclo A

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El niño crecía

Cuando tenemos que dar una charla o contar algo a un grupo solemos preparar lo que vamos a decir. Para ello, piensas en lo que quieres decir, lo que te lleva a hacerlo y en las personas a las que te diriges. Y, desde ahí, repiensas el acontecimiento que deseas narrar, aquello que quieres decir. No es que falsees la realidad, sino que ésta es contada de forma condicionada por la manera en que tú viviste lo acontecido, por tu forma de expresarte, por la razón que te empuja a contarlo y por la situación de los que te van a escuchar.

Pues eso es lo que le ocurrió al evangelista Mateo. Se dispone a escribir una Buena Noticia (Evangelio) a una comunidad concreta; recoge el material del que dispone y lo estudia; piensa lo que quiere decir y en la gente de su comunidad y se pone manos a la obra. Y de su esfuerzo iluminado por el Espíritu le “sale” su evangelio. En él presenta el Reino a través de siete actos. El primero, que es donde se enmarca el trocito de nuestro domingo, nos presenta cómo ese Reino se instaura en Jesús, nacido en Belén, y que, compartiendo la suerte de tantos desplazados, terminó viviendo en Nazaret.

A nuestro escritor no le interesa contar sólo hechos, una situación contada con tal objetividad que es como si la viviéramos actualmente. Él mira lo ocurrido con la perspectiva del tiempo y descubre que, eso que ocurrió, está cargado de vida y de mensaje. Como tantos otros, José, María y Jesús tuvieron que huir de su tierra por miedo a perder la vida, empujados por situaciones socio-políticas que se cebaban con los más débiles. Pero, pasado el tiempo, todo adquiere sentido. Es como, sin menoscabar nuestra libertad, todo estuviera escrito, entrara en un plan salvífico.

Y este “golpe” de vida lo vivieron en familia. Lo que afectaba a uno competía a todos. El acoger la vida del niño había comprometido sus vidas, los había vinculado a su proyecto y a su destino. Ahora tocaba huir, dejar la tierra, la lengua, la cultura y la familia. La situación creada por la ambición de un poderoso los obligó a buscar asilo político. Y fueron acogidos en tierra extraña convertida en hogar improvisado y temporal. Allí se integraron y vivieron. Eran diferentes a la mayoría, pero su presencia, su trabajo, sus vidas aportaron riqueza a esa tierra. Vivieron codo a codo, recibiendo y aportando; eran hebreos acogidos por egipcios enriquecidos por su acogida. Y esos desplazados por obligación vuelven a su tierra cuando estuvo en calma. Tantas idas y venidas, tanta angustia e incertidumbre fue vivida en familia, que sostenía y alentaba una vida tan probada.

Hoy, día de la Sagrada Familia, queremos agradecer las “familias” que nos son regaladas. Queremos dar gracias por esa familia de sangre, no escogida, pero ojalá elegida. Por esos padres y hermanos cuya complejidad se unió a la nuestra para construir un proyecto complejo y vital para cada uno de nosotros. Queremos dar gracias por la “familia humana”, por esa mayoría que nunca conoceremos, pero a la que estamos vinculados por un mismo Padre. Es esa familia que la sentiremos más como tal en la medida que nuestra fe madure. Le damos gracias por la familia de la Iglesia que tiene el don de acercarnos a Dios y la posibilidad de empañar su imagen. Esa familia en la que decidimos que sea tan general como sólo de Misa Dominical o concreta de vida comunitaria. La familia de los amigos que no comparten sangre, pero sí intimidad y compromiso. En el día de la Sagrada Familia recordamos y celebramos que toda familia tiene algo de sagrado.

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