Homilía del Domingo

Haber escogido la mejor parte

HOMILÍA DOMINGO XVI T.O

DOMINGO XVI T.O

Ciclo C

Homilías anteriores

¡Auméntanos la fe!

San Ignacio de Loyola invitaba a hacer una composición de lugar tal que pudiera imaginarse la escena del evangelio que se estuviera meditando. ¿Cómo te

Seguir leyendo »

Haber escogido la mejor parte

El evangelio de hoy nos presenta una escena entrañablemente humana. Jesús está en Betania, en esa casa donde se puede estar tranquilo siendo lo que se es; sintiéndose uno más de la familia; descansando por la ausencia de conflictos. Estar en Betania es como estar en la propia casa.

Y Jesús se encuentra con Marta y María. La primera hace lo que se esperaba de la mujer de su época: ocuparse de todas las tareas del hogar. Iba, venia, hacía esto y lo otro, disponía y organizaba; casi estaba en dos sitios al mismo tiempo. María, sin embargo, adoptó una postura menos usual para su tiempo: se puso a escuchar al invitado como un discípulo.

Al principio la tensión se sobrelleva. Marta se encarga de todo, pero no entiende cómo mientras ella no da abasto, su hermana esté con Jesús que, además, no le dice nada. Pero llega un momento en el que no puede dejar de expresar su malestar: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».

Marta está inquieta y nerviosa. Está haciendo lo que había que hacer, porque si no allí nadie comía; pero lo hace de tal manera que no está donde quiere estar. Es decir, Marta no ha elegido lo que está haciendo; lo hace por obligación, porque no le queda más remedio, pero no lo ha hecho suyo y le lleva a la inquietud y al nerviosismo.

María, sin embargo, ha escogido estar a los pies de Jesús. Ella ha elegido esta actitud; lo que le hace superar la tensión de permanecer de una forma que no le correspondía a las mujeres de la época. Porque ha tomado una decisión personal, puede afrontar todas las dificultades que le vengan en el camino con cierta tranquilidad.

A veces en la vida hemos de elegir ser Marta o María, incidir más en la acción o en la pasividad de la contemplación. Cuando nos adentramos en nuestras motivaciones, cuando nos conocemos mínimamente, cuando escuchamos lo que Dios nos dice en las circunstancias de la vida, podemos intuir una luz que nos hace decidir qué hacer. Y esa decisión pensada y personalizada nos hará vivir en paz siendo Marta o María. Pero necesitamos todo lo anterior para saber escoger la mejor parte, la mejor opción para el momento que vivimos.

Pero, en ocasiones, la vida no te pregunta qué quieres; ni te da opciones para elegir; ni te ofrece oportunidades de escoger nada tras un discernimiento adecuado. No, con frecuencia la vida ejerce su autonomía y casi te obliga a ser Marta o María. Y, entonces, ¿qué podemos hacer? En esas ocasiones andamos inquietos y nerviosos cuando no aceptamos lo que ocurre. Pero cuando se da el milagro de elegir lo que la vida nos impone, a nosotros llega la paz en medio de la batalla. Si elijo ser Marta cuando la vida me rompe los planes y me pone al trote, descubriré que, hasta en medio de la lucha, puedo ponerme a los pies del Señor y escucharle. Si elijo ser María cuando la vida me ha quitado de circulación y me ha postrado en la pasividad, me daré cuenta que, sin poder hacer apenas nada, me convierto en una Marta activa y fecunda según los modos del Espíritu.

Y tú, ¿qué has escogido, elegido y decidido?

Homilías anteriores

¡Auméntanos la fe!

San Ignacio de Loyola invitaba a hacer una composición de lugar tal que pudiera imaginarse la escena del evangelio que se estuviera meditando. ¿Cómo te

Seguir leyendo »