Homilía del Domingo

Jesús clavado en la cruz

Jn 18,1-19,42

VIERNES SANTO

Ciclo C

Homilías anteriores

Ven, Espíritu Santo

Secuencia comentada Ven Espíritu Divino,manda tu luz desde el cielo, Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente

Seguir leyendo »

Jesús clavado en la cruz

Viernes Santo es más que un día cronológico en un tiempo sagrado, o una fecha para conmemorar un acontecimiento, por importante que pudiera ser. Viernes santo es la vida misma y una actitud ante ella. Es la vida misma en tanto que ésta se compone de luces y sombras, penas y alegrías, sonrisas y lágrimas. La vida, en sí misma, tiene un sabor agridulce. Y Viernes Santo es la hora donde la balanza se inclina hacia el dolor, el sufrimiento y la cruz.

Pero Viernes Santo también es una actitud ante el lado doloroso de la vida. Porque si bien el sufrimiento es parte constituyente de la existencia, el aceptarlo y mirarlo de frente no es siempre la actitud que adoptamos. Y este día, desde la contemplación de Jesús en la cruz, nos invita a aceptarla y a entregarse.

Aceptarla porque muchas veces la cruz viene sin más, sin avisar, sin preguntar, sin darnos opción a réplica. Y aunque duela, lo más sano y evangélico es mirarla y llamarla por su nombre. Es, dado que está delante de nosotros, abrazarla y besarla. Y ello no porque deseemos el sufrimiento, sino porque cuando ya se ha hecho lo posible por erradicarlo, lo mejor es encontrarle sentido, un porqué que haga fructífero el dolor.

Y entregarse porque, en ocasiones, la cruz surge del compromiso. Es como si la buscáramos de forma indirecta. No vamos a por ella, pero si necesitamos cargarla como consecuencia de vivir el evangelio, lo hacemos. Y esto lo entendemos contemplando a Jesús. Su voluntad humana prefiere los momentos de alegría predicando en el Monte de las Bienaventuranzas, o todo lo que pudo compartir en las Bodas de Caná, o cuando descubrió que Dios se revelaba de forma especial a los más sencillos. Pero, profundamente unido a la voluntad de su Padre, después de un duro combate lleno de angustia, aceptó asumir las consecuencias de amar a la gente hasta el extremo.

Y porque Jesús asume la cruz, la redime. La cruz en sí misma es instrumento de tortura y dolor, pero Jesús la convierte en fuente de salvación y camino de liberación. La cruz, tronco abrupto y reseco, simboliza la muerte. Pero desde que Jesús fue clavado en ella, desde su ser más profundo, brota la vida y la esperanza. Dicho en lenguaje moderno y sostenible: Jesús recicla la cruz. Porque lo que era motivo de desecho, Jesús lo reutiliza dándole un sentido nuevo. Ahora la cruz nos hace sufrir y nos mata, pero no nos quita la Vida y el Sentido.

Viernes Santo nos invita a hacer de “buenos samaritanos”, a no pasar por la vida dando rodeos sino “aprojimarnos” al camino de los que están crucificados. Nos anima a ser “cireneos” que ayuden a los otros a llevar sus cruces por el simple hecho de que pasábamos por allí. Nos pone como ejemplo al “buen ladrón” que, estando crucificado con Jesús, mira más allá del dolor.

Viernes Santo nos regala a María al pie de la cruz, permaneciendo con esperanza en medio de un martirio incruento, esperando cuando la cordura decía que no había nada que esperar. Pero, sobre todo, Viernes Santo es Jesús clavado en la cruz confiando en las profundidades de la noche del sin sentido. Es Jesús haciendo de la cruz un lugar para profesar la fe en un Padre, tan bueno, tan tierno, tan entrañablemente misericordioso que, pareciendo que no está, se ha convertido en cruz para estar clavado contigo.

Homilías anteriores

Ven, Espíritu Santo

Secuencia comentada Ven Espíritu Divino,manda tu luz desde el cielo, Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente

Seguir leyendo »