Homilía del Domingo

Se puso a caminar con ellos para hacerles arder el corazón

Lc 24, 13-35

III DOMINGO PASCUA

Ciclo A

Homilías anteriores

Ven, Espíritu Santo

Secuencia comentada Ven Espíritu Divino,manda tu luz desde el cielo, Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente

Seguir leyendo »

Se puso a caminar con ellos para hacerles arder el corazón

Dos discípulos iban camino de Emaús. En su caso, “caminar hacia Emaús” era símbolo del desencanto. ¡Esperaban tanto! Toda esperanza había muerto con él. Sentían repulsa por los compañeros que se habían quedado en Jerusalén por miedo; y les parecían algo fantasiosas las mujeres que decían que habían visto algo. Ya nada les ataba a ellos; todo estaba acabado; lo mejor era volver a Emaús.

Son muchos los que se han apuntado a esta excursión. Puede que tú o yo mismo. Es probable que el desencanto haya acampado en nuestra vida, de forma tan honda que se camufle con el ajetreo del día a día. Sin ser del todo conscientes de ello vamos de vuelta de tantas cosas que nos han defraudado en la vida. Sin decirlo nos decimos que nosotros esperábamos que eso o aquello iba a darnos lo que tanto anhelábamos. Y así, con nuestro proyecto familiar o personal, o laboral o vocacional vamos hacia Emaús. Y puede que incluso nos mantengamos en el proyecto, pero con la esperanza helada, con la ilusión mortecina y con pocas razones que den sentido.

Ellos hablaban conforme iban de camino; discutían enroscados en sus vivencias y puntos de vista. Pero alguien, que se puso a caminar con ellos, interrumpió sus inercias. Sus preguntas les desconcertaron, pero los sacó de sí. Pudieron compartir con otro su discurso vital, su melodía triste y desencantada que daba color a su existencia. Y tú, ¿cuál es tu discurso existencial? ¿Cuál es esa melodía que vas simbólicamente cantando con tus palabras, acciones, actitudes, reacciones y posturas? ¿Eres tú el único espectador de ello? ¿La única persona de la sala que te escucha a ti mismo/a? ¿No hay nadie que te diga cómo suena?

La suerte que tuvieron los dos discípulos es que el acompañante desconocido, después de escucharlos, les ofreció una visión de lo que vivieron. Les invitó a verlo, no de una forma torpe, sino con mayor perspectiva. Y de “pe a pa” fue recordándoles lo que ya sabían: que era necesario, que no hay mal que por bien no venga, que todo tiene un porqué y un sentido. Él los escuchó y después les habló; y ellos le hablaron, pero también lo escucharon. Tan es así que sentían necesidad de su compañía: “Quédate con nosotros”. Lo malo no es ir a Emaús; lo peor es querer ir. El desencanto entra dentro del juego de la vida; lo que va contra ella es empadronarse en él; cerrarse a toda palabra que pudiera hacer arder el corazón.

¿Faltan este tipo de palabras? ¿Faltan personas que se pongan a caminar con los que van a Emaús para poder escucharles y después hablarles? ¿Faltan personas que no estén a gusto en el desencanto y deseen oír? ¿O falta capacidad auditiva debido a tantos ruidos y palabras huecas?

Ellos sí le invitaron: “Quédate con nosotros”. Y él entró para quedarse, como siempre hace. En torno a la mesa se dieron cita dos deseos: el del acompañante que quería revelarse; y el de los acompañados que querían revelación. Y esa cena los recreó, los volvió a enamorar, les abrió los ojos, les permitió reconocer.

Una gran masa humana va camino de Emaús, ¿y tú? A muchos les gusta ese viaje; y tú, ¿te has afincado en el desencanto? Otros tanto no tienen a nadie que les acompañe e ilumine; y tú, ¿te sientes acompañado y acompañante? Y algunos desean realmente poner reconocerle; y tú, ¿quisieras verlo en la fracción del pan?

Homilías anteriores

Ven, Espíritu Santo

Secuencia comentada Ven Espíritu Divino,manda tu luz desde el cielo, Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente

Seguir leyendo »