Homilía del Domingo

Tiempo de volver a las fuentes

Mt 6, 1-18

MIÉRCOLES CENIZA

Ciclo C

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Tiempo de volver a las fuentes

Al levantarte esta mañana tu vida ha transcurrido con normalidad: la casa, el trabajo, los niños, el colegio, los asuntos cotidianos. Por ser Miércoles de Ceniza nada ha cambiado externamente. Y en esa normalidad aparente hemos comenzado un tiempo muy importante, la Cuaresma.

Si dejamos nuestras emociones fluir a cada uno la Cuaresma le evocará algo: tiempo serio y austero, o momento especialmente espiritual, o proximidad a la Semana Santa… Pero, más allá de sensaciones, os propongo dos consideraciones.

La primera: Cuaresma es tiempo de volver a las fuentes. En medio del ajetreo del trabajo y de la vida cotidiana estamos llamados a volver a lo más genuino de nuestra fe, a Jesús. Se nos invita a despojarnos de tantas adherencias para quedarnos con lo esencial, con su persona, con sus maneras, con su proyecto.

La segunda: Cuaresma es tiempo de entrar en lo secreto y escondido. Lo secreto y lo escondido es ese espacio donde estamos Dios y nosotros tal y como somos; donde habitan nuestras motivaciones reales y las actitudes y valores que realmente mueven nuestra vida. Es el lugar donde se dan las grandes transformaciones y conversiones que afectan a lo más externo de nuestra vida.

Y así emprendemos estos cuarenta días que tenemos por delante. Serán desierto, no porque dejemos de hacer lo de cada día, sino porque nos gustaría vivir en profundidad y buscar momentos de silencio y oración. Serán días de penitencia, no porque nos dediquemos a prácticas que alimentan nuestro orgullo, sino porque tendremos que renunciar a muchas cosas que nos apartan de Dios y los hermanos.

Cuaresma son días para vivir lo que debemos vivir siempre. Pero la comenzamos con un reconocimiento de nuestra fragilidad: queremos y no podemos. Somos seres frágiles y habitados por Dios. Somos vasijas de barro que contienen un tesoro. Somos polvo que necesita de la fuerza del Espíritu.

Comenzamos un tiempo de Gracia, donde en medio de la vida cotidiana se te invitar a mirar a Jesús; para que entrando el lo escondido, dejes al Espíritu transformar lo que no corresponde a un bautizado.

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