Acudir a María es tener la certeza de que acudimos a la madre que nos conoce, nos escucha y nos ayuda. Es más fácil llegar a Dios a través de ella, porque así lo dispuso Él, cuando nos la dio como madre. Nuestras plegarias, si son salidas del corazón, nunca la cansarán. Nuestros lloros encontrarán en ella el consuelo. No tengamos miedo en acercarnos, aunque estemos manchados del barro de los caminos, porque ella nos ayudará a limpiarnos, nos dará fortaleza e intercederá al Señor por nosotros. En sus brazos siempre encontraremos la paz y el consuelo.

Los santos, siguiendo el ejemplo de Jesús, nos enseñan con sus hechos que la mejor manera de acercar a la gente a Dios es amando





