Nunca deberíamos cansarnos de intentar acercarnos más a Dios a través del amor a nuestros hermanos. Porque un cristiano que lo es de verdad, no sólo de palabra, debe saber que a Dios se le ama a través de las personas con las que vivimos, con las que compartimos ilusiones y proyectos y también con las que apenas conocemos y tratamos, pero que también son hermanos nuestros. Amar a Dios pasa por amar a nuestro prójimo.

María es madre. De Jesús y de todos nosotros, los que creemos en Él. Por eso su corazón es un volcán de amor, de entrega





