Si deseamos ser perfectos, meta a la que debemos aspirar como creyentes, porque es lo que se nos pide, debemos convencernos de que nunca encontraremos el tope a la perfección. Siempre podremos avanzar un poco más, porque la meta es parecernos a Dios, aunque nunca lo conseguiremos. Y en ese avanzar iremos descubriendo que, aunque nos queda mucho camino por recorrer, percibiremos que deseamos mejorar cada vez un poco más para poder ser mejores.

Foto: J. Serrano “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha” MIÉRCOLES DE CENIZA (Mateo 6, 1-6. 16-18) ¡A bombo y platillo!





