Parroquia

La Santísima Trinidad (Málaga)

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«¡Señor mío y Dios mío!» (II DOMINGO DE PASCUA)
Foto: J. Serrano

El mundo está viviendo una etapa convulsa:
guerras en diferentes países,
amenazas de destrucción de pueblos y culturas,
deportaciones masivas de ciudadanos,
inmigrantes que mueren en el mar,
acoso a los que son diferentes,
condenas y cárceles por pedir libertad o pensar distinto…
egoísmo que destruye la convivencia y la solidaridad.

El Evangelio nos presenta a los discípulos muertos de miedo,
encerrados en casa, porque ya no estás, Señor, con ellos.
Son días complicados para la primitiva y pequeña comunidad de creyentes.
Ellos te han seguido.
A veces con dudas.
Incluso con traiciones, como la de Pedro que te negó repetidas veces.
Han renunciado a sus vidas porque se han fiado de ti.
Son hombres, personas imperfectas que tienen momentos heroicos
y ratos de hundimiento personal.
Pero están juntos.
Esperan, temblorosos, la señal para lanzarse a la misión.

A menudo me siento como Tomás.
Si no veo, no creo.
Pero tú estás ahí en cada momento de mi vida.
Aunque no me dé cuenta.
Aunque el ajetreo diario me lleve a olvidarme de que lo esencial eres tú.
Quiero hoy escuchar las palabras que le dijiste a Tomás:
Anda, no seas terco, fíate un poco de lo que te cuentan tus hermanos,
ven, mete tu mano en mis heridas… y no seas un incrédulo.
Señor mío, Dios mío,
ayúdame a creer con mayor firmeza,
ayúdame a verte en cada persona con la que me encuentro a diario,
ayúdame a sembrar paz donde haya enfrentamientos,
ayúdame a caminar a tu lado sintiéndome hijo tuyo
y a comportarme como tal.
Señor mío, Dios mío,
nunca me dejes solo,
pues sin ti, nada tiene sentido.

José Serrano Álvarez
(Rezando al caer de la tarde)

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