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¿De verdad queremos ser buenos cristianos? Un paso de gigante para avanzar en ello es mostrarnos más humildes. En todo. La humildad es renunciar: a nuestro ego, al querer ser reconocidos como los mejores, al considerarnos superiores a los otros, a despreciar a los que no son de nuestra cuerda, a ocupar los primeros puestos en los estatus sociales, al reclamar que nos sirvan… Ninguna virtud entrará en nuestras almas si no somos capaces de sentirnos los últimos en recibir las alabanzas y los primeros en prodigarlas.

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