Debemos acercarnos más a Dios y a los hermanos, intentando que la indiferencia que hoy nos domina se transforme en esfuerzo por mejorar esta sociedad para hacerla más conforme a los planes del Creador. Cada uno, con nuestras propias limitaciones, tenemos que cumplir la misión que se nos ha encomendado. Nadie debe cruzarse de brazos, porque es mucho el trabajo que hay que hacer. El Señor nos espera y no quiere rezagados, sino decididos a sembrar el mundo de amor.

La paz que nos trae postrarnos ante el Señor, reconociendo nuestra pequeñez, es un bálsamo que cura todas nuestras heridas y nos llena de un





