Hay injusticias, sí. En derredor nuestro y en nosotros mismos. Pero son consecuencia de la imperfección humana. De nuestra libertad no ejercida correctamente. En nuestras manos está transformar en bien lo que vemos que está mal. Podemos hacer mucho en este campo. Quejarnos diciendo que este mundo es un asco no es de cristianos. Hay que transformarlo. Estamos llamados a hacerlo.

Si realmente queremos ser cristianos de verdad, fijémonos en María, nuestra madre en la fe. Ella siempre estaba dispuesta a servir a los demás. Renunciaba





