Resulta fácil dormirse cuando tenemos ante nosotros tareas de ayuda a los hermanos o de mejora de nuestro vivir como creyentes. Somos muy dados a poner pretextos para no hacer lo que debemos hacer. Encontrar excusas es demasiado sencillo. No nos ayudan a ser mejores, sino que nos mantienen en la mediocridad y en la inoperancia. Por eso es bueno que estemos despiertos y diligentes para hacer lo que tenemos que hacer.

Seguir a Jesús, reconociendo que es el Hijo de Dios que vino a salvarnos, es el principio sobre el que ha de basarse el comportamiento





