Parroquia

La Santísima Trinidad (Málaga)

Imagen del día

Cristo se te echa al cuello, porque te quiere quitar el peso de la esclavitud del cuello e imponerte un dulce yugo - San Ambrosio de Milán

La infinita misericordia del Señor le lleva a suavizar los sacrificios que nos supone el seguirle conforme nos tiene mandado. De esta forma, en un gesto paternal, nos cambia las cadenas por los brazos de la libertad que nos hace hijos suyos y servidores, por Él, de los hermanos. Dios no quiere nada malo para cada uno de nosotros, porque nos ama como padre bueno. Acojámonos siempre a su misericordia.

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Días anteriores

Una penitencia muy buena es dedicarse a cumplir los deberes cotidianos con exactitud y a estudiar y trabajar con todas nuestras fuerzas – San Pedro Damiani

La mortificación física y voluntaria del cuerpo no es buena penitencia si nos aparta de poder cumplir con nuestras obligaciones. A veces queremos auto convencernos

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Cuánto amo el estar aquí (junto al sagrario); es tanto lo que le tengo que decir a Jesús – San Francisco Marto

Postrarnos junto al sagrario, donde está Jesús, para acompañarle, sentir su presencia, contarle nuestras penas, inquietudes y deseos. Hablar con Él, de amigo a amigo,

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Con la cruz Jesús ha abierto de par en par la puerta entre Dios y los hombres – Papa Benedicto XVI

Por mucho que nos empeñemos, no podemos prescindir de la cruz. Porque es en ella donde nació nuestra salvación, ya que Cristo la utilizó de

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La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos – Papa Francisco

Debemos acercarnos más a Dios y a los hermanos, intentando que la indiferencia que hoy nos domina se transforme en esfuerzo por mejorar esta sociedad

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“La perfección cristiana sólo tiene un límite: el no tener límite” – San Gregorio de Nisa

Si deseamos ser perfectos, meta a la que debemos aspirar como creyentes, porque es lo que se nos pide, debemos convencernos de que nunca encontraremos

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No hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos – Papa Benedicto XVI

La razón de nuestro existir está suficientemente clara: Dios nos quiere para sí y para que, por Él, nos demos a los demás. Para eso

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