Parroquia

La Santísima Trinidad (Málaga)

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El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del bien que yo hago - San Eugenio de Mazenod

Nos vendría bien reconocernos cómo somos en realidad. Sin falsas vestimentas. Y sin miedo. Para ser mejores personas, primero debemos abrirnos interiormente. No tengamos miedo a descubrir qué defectos tenemos. Casi seguro que encontraremos infinidad de hechos y dichos, incluso pensamientos, en los que prevalecen el orgullo, la vanidad, el soy mejor que los demás. Seamos valientes y demos el paso. Admitamos lo que somos. Y empecemos a cambiar para mejorar.

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Una penitencia muy buena es dedicarse a cumplir los deberes cotidianos con exactitud y a estudiar y trabajar con todas nuestras fuerzas – San Pedro Damiani

La mortificación física y voluntaria del cuerpo no es buena penitencia si nos aparta de poder cumplir con nuestras obligaciones. A veces queremos auto convencernos

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Cuánto amo el estar aquí (junto al sagrario); es tanto lo que le tengo que decir a Jesús – San Francisco Marto

Postrarnos junto al sagrario, donde está Jesús, para acompañarle, sentir su presencia, contarle nuestras penas, inquietudes y deseos. Hablar con Él, de amigo a amigo,

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Con la cruz Jesús ha abierto de par en par la puerta entre Dios y los hombres – Papa Benedicto XVI

Por mucho que nos empeñemos, no podemos prescindir de la cruz. Porque es en ella donde nació nuestra salvación, ya que Cristo la utilizó de

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La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos – Papa Francisco

Debemos acercarnos más a Dios y a los hermanos, intentando que la indiferencia que hoy nos domina se transforme en esfuerzo por mejorar esta sociedad

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“La perfección cristiana sólo tiene un límite: el no tener límite” – San Gregorio de Nisa

Si deseamos ser perfectos, meta a la que debemos aspirar como creyentes, porque es lo que se nos pide, debemos convencernos de que nunca encontraremos

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No hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos – Papa Benedicto XVI

La razón de nuestro existir está suficientemente clara: Dios nos quiere para sí y para que, por Él, nos demos a los demás. Para eso

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