La libertad de los hijos de Dios está en obrar en conciencia, en ser buenos con todos, en no buscar más que el bien de los que nos rodean, conforme Cristo nos ha mandado. Quien no obra así, no puede considerarse libre, sino esclavo, y no será capaz de disfrutar de la paz que da la conciencia del que obra correctamente, sin odios ni rencores.

Vestir al desnudo, dar de comer al hambriento… El Evangelio nos insta permanentemente a amar a Dios y a los hermanos, que son criaturas suyas.





