Estamos obligados, moralmente, a construir un mundo nuevo en el que la riqueza sea distribuida más justamente. Un mundo en el que cada persona tenga la posibilidad de trabajar dignamente y percibir un justo salario. Un mundo en el que quien tiene capacidad para crear empleo, no rehúya su obligación de hacerlo, tratando a sus empleados con toda la dignidad y justicia que se merecen. Un mundo donde quien trabaja sea consciente de que tiene que contribuir al bien común aportando su esfuerzo y saber.

«Todos estamos invitados» XXVIII T. ORDINARIO (Mt 22, 1-14) Muchas personas, cuando reciben una invitación para asistir a una boda, se lo piensan. Que si





