Hacer el bien es saludable, pero no lo es tanto si lo hacemos para que nos vean, lo reconozcan y nos estimen o nos alaben. La recompensa cristiana está en que no sepa nuestra mano derecha lo que de bueno hace la izquierda. Que cuando hagamos el bien a los demás, ni siquiera ellos se enteren de nuestras buenas obras, para que no nos las atribuyan a nosotros.

Foto: J. Serrano “Creo, Señor” IV DOMINGO DE CUARESMA (Juan 9, 1-41) Estamos acostumbrados a ver maldades por doquier y a buscar culpables de todo





