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Es cierto que esta sociedad nuestra está ansiosa, aunque no lo manifieste, por oír voces que le digan que es posible cambiar muchas cosas para hacerla mejor. Los que creemos en el mensaje del Evangelio tenemos en este mundo un papel importante: anunciar nuestra fe. Sin alharacas. Sin prepotencia. Pero de forma clara. Sin miedos. Porque un cristiano no puede ocultar la esperanza que es su razón de ser. Tiene que exponerse ante los demás con su voz y su ejemplo de vida. Tenemos la obligación de sembrar en torno nuestro el mensaje de Jesús. Porque es la única esperanza que puede salvar a este mundo.

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