A lo largo de los siglos, muchos hermanos nuestros en la fe han demostrado, Señor, que eran fieles a tu mensaje. Muchos han sido valientes al dar la vida humana por defenderte ante los hombres, alabando tu nombre y ayudando a los demás. Que ellos sean el ejemplo que debemos seguir, siendo rebeldes, si necesario fuere, para plantarnos ante quienes tratan de imponernos normas injustas o comportamientos que no son los correctos. Que no tengamos reparo alguno en decir “no” a tantas injusticias que se cometen.

Recibirte, Señor, en la Eucaristía, es fundirnos contigo, ser una sola cosa contigo. Para sentirnos que somos Tú. Por eso estamos obligados a no defraudarte,





