A menudo escondemos nuestras debilidades intentando justificarnos con el “todos lo hacen” o “esto no lo hace nadie”. Hay que ser valientes para vivir correctamente, según los mandatos de Jesús. Seamos consecuentes y vivamos como hijos de Dios que buscan hacer su voluntad al paso por este mundo. Él nos quiere decididos a dar la cara en todos los momentos de nuestra vida haciendo siempre el bien, que es lo correcto, aunque esto no esté bien visto.

La interpelación a nosotros mismos debería ser permanente: ¿por qué nos hacemos los sordos para no escuchar las peticiones de ayuda, a veces silenciosas, de





