Cuando se ama como Cristo quiere que amemos a los demás, el corazón siente un deseo permanente de hacer obras buenas. Por eso los creyentes corren presurosos, sin importarles el esfuerzo que ello suponga, a socorrer a quien está necesitado, a ayudar a levantarse a quien se ha caído, a acompañar a quien se siente solo, a alimentar al hambriento y a encontrarse con el señor que está presente en los demás.

Foto: R. Misas «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» XXIII T. ORDINARIO (Mateo 18, 15-20)





