Como miembros de la Iglesia que fundó Cristo, estamos llamados a ser misericordiosos con los demás, creyentes o no, pecadores o santos, y a mostrarles con nuestros hechos que Dios es el Padre de todos y a todos quiere. No juzguemos a los otros, ni lancemos anatemas contra quienes no comparten nuestras ideas. Más bien, mostremos que somos todos hijos de un mismo Padre lleno de misericordia.

Foto: J. Serrano “Creo, Señor” IV DOMINGO DE CUARESMA (Juan 9, 1-41) Estamos acostumbrados a ver maldades por doquier y a buscar culpables de todo





