Resulta fácil dormirse cuando tenemos ante nosotros tareas de ayuda a los hermanos o de mejora de nuestro vivir como creyentes. Somos muy dados a poner pretextos para no hacer lo que debemos hacer. Encontrar excusas es demasiado sencillo. No nos ayudan a ser mejores, sino que nos mantienen en la mediocridad y en la inoperancia. Por eso es bueno que estemos despiertos y diligentes para hacer lo que tenemos que hacer.

¿Qué somos, en realidad? Poca cosa, por cierto. Casi nada. Aunque no lo veamos o no queramos verlo. Tú, Señor, sí sabes de nuestras miserias,





