Una madre buena nunca defrauda a sus hijos. No los abandona, no los maltrata, no los guía por malos caminos… María, que es la mejor de las madres, nunca nos abandonará. Acudir a ella en todo momento, en las tristezas y en las alegrías, es asegurarnos su protección. Yendo de su mano, podemos estar seguros de que los peligros que nos encontremos serán apartados para así poder caminar en paz.

Foto: R. Misas «¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?» XXV T. ORDINARIO (Mateo 20, 1-16) La mayoría de los conflictos en el mundo





