Homilía del Domingo

Las prostitutas y publicanos os llevan la delantera

Mt 21, 28-32

DOMINGO XXVI T.O

Ciclo A

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Las prostitutas y publicanos os llevan la delantera

¿Tú que piensas que las personas son difíciles o complejas? ¿O será que somos muchos más ricos interiormente que el simple mecanismo de una cuchara? La cuestión es que en el ser humano no todo es blanco o negro, antes o después, ni arriba o abajo; sino que cabe el gris, el entretanto del proceso, el estar a medio camino y el retroceder después de haber avanzado. Pero a nosotros esta complejidad no nos gusta. Nos gustaría que todo se limitara a poner una etiqueta para el resto de los días. Éste es “malo”. Y no puede ser otra cosa que malo hasta que se muera. Ésta es “buena”. Y lo será siempre haga lo que haga. Pero no, la realidad no es así.

Por ejemplo, el ser humano vive el seguimiento de Jesús en proceso. No consiste en “ahora no lo vivo y, poco después, lo vivo”. Sino que poco a poco vamos descubriendo a Jesús y vamos dejando que nos modele a su gusto. Y así como al niño le queda tiempo para ser adulto, y se lo damos, al creyente le damos el tiempo necesario para que crezca, con tal que esté en un proceso de crecimiento. El ser humano es ambiguo, contradictorio y frágil. Puede desear vivir un valor evangélico pero actuar de forma contraria; puede estar diciendo algo y viviendo lo opuesto; puede seguir a Jesús en algunos aspectos e ir en sentido contrario en otros. Y cada hombre y mujer es un proyecto inacabado y permanente. Nunca llegará a la plenitud de lo que desea vivir; y si no está ejercitándose continuamente en el camino del seguimiento a Jesús puede, incluso, elegir otros caminos muy diferentes o contrarios.

Es tal la complejidad de cada ser humano que juzgar no es de “malos”, sino de “ignorantes”. Se pudiera dar el caso de personas con una apariencia buena y religiosa, cumplidoras y adaptadas socialmente, de las que nunca ocasionarían problemas al sistema. Pero, pudiera darse el caso, de que éstas estuvieran acomodadas. Cumplir, cumplirían, pero sin más planteamientos: ni apertura al Misterio de Dios, ni tampoco al ser humano; ni sensibilidad por su entorno ni la gente que les rodea; ni ganas de comprometerse con nada ni con nadie. Morirán cumpliendo, sin dar problemas, pero estancados en el seguimiento de Jesús. Esos podrían ser en la parábola de este domingo los que dicen educadamente “sí” al padre, pero después no van a la viña.

Después están los que dicen “no”, pero terminan yendo. Son los “disonantes”, las “ovejas negras” de la sociedad, los que no encajan en los moldes establecidos, los de conductas inadecuadas o costumbres minoritarias. Son las “prostitutas y publicanos” actuales. Pero, en la complejidad del ser humano, pudiera ocurrir que, al tiempo que viven de forma “reprobable”, su corazón es sensible; hacen lo que “no deben”, pero son capaces de oler muchos valores evangélicos; viven “inadecuadamente”, pero están abiertos a la ternura y a la compasión. Aunque de entrada “suenen peor”, porque en muchos aspectos “dan el cante”, con respecto a la conversión a Jesús están mejor situados, le llevan la delantera a los “más adaptados”, pero también más cerrados.

Todos tenemos algo de “prostitutas y publicanos”. Todos, en medio de nuestras fragilidades, anhelamos el vivir el Evangelio. Todos, contando con nuestras inadecuaciones, estamos abiertos a la vida del Espíritu. Todos, sintiendo nuestras debilidades, somos sostenidos por la Gracia y la Misericordia de Dios. Y, desde ahí, salimos al encuentro de otras “prostitutas y publicanos” para acogerlos y consolarlos fraternal y compasivamente.

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